Soy tu tonto. Pero muy, muy tonto.

sábado, 28 de diciembre de 2013

El límite de lo grotesco...

... no es algo que se tenga en cuenta en las cenas de Navidad de mi familia. Absurdo o demencial son palabras carentes de significado al hablar de ellas. Uno por uno, todos los miembros (y las miembras) de la familia reunidos en torno a la mesa vamos sumiéndonos en un caos mental, embriagados por la falta de sentido del ridículo (o por otros motivos que no vienen al caso) y envalentonados por las risas de los que nos rodean.
Los momentos previos de preparación, como la calma que procede a la tempestad o el silencio causado por una arcada que procede a una estruendosa vomitina, pueden parecer sosegados. Pese a que algunos con maestría los eluden, a nadie pasa inadvertido que es un trabajo arduo y costoso: preparar la copiosa comida (¿por qué siempre sobra?¿no aprenderemos jamás a hacer menos?), adecentar el comedor, poner la mesa (siempre decorada con motivos navideños, por supuesto), esconder los regaPREPARAR COMIDA PARA PAPÁ NÖEL...
Nunca fallan el queso, el jamón, los pastelitos, las hostias, los insultos, un par de perdigones cuando se ríe algún mameluco, alguno pasado de rosca (if you know what I mean), alguna mirada amenzante que te perdona la vida terrenal y la divina, los comentarios entre padres y hijos que el resto de la mesa no comprenden, alabanzas al nivel culinario, "Comillas tú eres Comillas"... Muy entrañable.
El momento en el que acaba la cena y se recoge todo aquello que se servirá recalentado en la comida del día siguiente, los más pequeños, que casi no habían sido molestos a lo largo de la colación, comienzan una escalada de histeria incontrolada que ni en un concierto de Justin Bieber, hasta llegar al punto de comenzar una cuenta atrás, tras la cual comenzarán abusivos y vejatorios insultos hacia el "gordo peludo" por no llegar a tiempo.
Llegó el momento, caen las murallas, va a comenzar la única justa de las batallas: la de los niños por entrar antes en la habitación donde están los regalos. He llegado a ver escupitajos entre los fieros competidores, deseosos por abalanzarse sobre objetos envueltos en papel de El Corte Inglés (porque sí, el gordo peludo compra los regalos allí).
Tras esta marabunta entro yo, con cara de pocos amigos (los que tengo en ese sitio en ese momento). Aquí hago un inciso: me cabreo en Nochebuena siempre. No hay 24 de diciembre en el que yo no acabe asqueado. Igual es fallo mío, pero no soporto estos días, y ese en concreto. Por este motivo, siempre estoy enfadado cuando entro a ver mis regalos; se suman la mala leche y lo nervioso que me ponen los niños que gritan.
El caso es que yo entro a por mi regalo. Últimamente me siento como un delincuente cuando me ocurre esto, pues todas las navidades me hacen un Bárcenas: me regalan sobres con dinero. Cojo mis sobre y me marcho a algún sitio donde no haya nadie. Los abro, me meto el dinero en la cartera y me abalanzo sobre un sofá o una cama, lo que primero encuentre, hasta que se me pasa el enfado generalizado (no suelo conseguirlo y acabo levantándome porque alguien me llama a gritos).
Después todo se calma. Empiezas a oír cómo la gente grita por la calle, cómo un coche pega un frenazo, cómo alguien tira botellas de vidrio en un contenedor (al de reciclaje no, por supuesto), cómo un anciano escupe en el suelo y ahoga a una familia de hormigas inocente que solo pasaba por ahí... el mundanal ruido que tanto relaja después de una noche como esta. La familia se va a sus casas, otros se duermen, otros buscan un coche que no saben dónde han aparcado, y tú (es decir yo, porque hablo en segunda persona pero me refiero a mí en todo momento) te vas a dormir pensando en lo bien que estaría que al día siguiente no tuvieras que repetir la misma secuencia. Pero te jodes.

martes, 3 de diciembre de 2013

Muy (poco) interesante.

Tan solo quería haceros saber que, de los 26 iconos de acceso rápido que tengo en Google Chrome, nueve son azules; tres son blancos y rojos; tres más son blancos y negros; otros tres, naranjas; dos, verdes; dos más grises; uno es rojo, otro amarillo, otro negro y un último de muchos colores.
Como no puedo expresar todo lo que siento sobre la Navidad en este blog porque sufro la censura de forma más estricta que en los peores momentos de la Inquisición, os dejo esta profunda reflexión:
9 es a 26 lo que X es a 100. 9*100/26=900/26=34'6.
Teniendo en cuenta la inmensidad de la gama cromática, ¿por qué encontramos un porcentaje tan elevado de azules? ¿Tienen algo que ver los pitufos? ¿La viagra? ¿James Cameron? Porque resulta obvio que detrás de los rojos y blancos está Papá Nöel, ese barbudo entrañable como pocos.
Por si alguno lo dudaba, en los móviles también predomina el azul (cabe la remota posibilidad de que sea porque los iconos del ordenador coinciden, en su mayor parte, con las aplicaciones de mi móvil). Destacan por encima de todo las redes sociales. Tuenti, Facebook, Twitter y otras más especializadas como Series.ly o Skype tienen iconos azules.
Alguien a quien pregunté sobre el tema me dijo que recientes estudios demostraban que el color azul quita el sueño, lo que me lleva a preguntarme por qué entonces los fondos de prácticamente todas las páginas son blancos en vez de azules. Yo, por si acaso, tengo un fondo naranja y negro, que simboliza una hoguera en la que eran quemados por la Inquisición aquellos que escribían entradas de blog en contra de la Navidad.
Muchos besos y abrazos, y que Raphael se os aparezca en vuestras peores pesadillas.

PD: Inquisidora mayor del Reino, esta soplapollez de entrada es culpa tuya. Que lo sepas.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Papi ha vuelto

...O al menos eso decía Barney en un capítulo de Cómo conocí a vuestra madre.
Myles, mi hámster, me mira de forma rara, se esconde debajo de la rueda cuando toco la guitarra y trepa por su jaula cual artista del Circo del Sol. Realmente es una mezcla entre un borracho en un parque con columpios y uno de esos que hacen wingsuit. El wingsuit, ese deporte para personas suicidas con ganas de hacerlo a lo grande. Jamás me entrará en la cabeza que haya gente con cojones para hacer eso.
No tengo nada en concreto que contaros, pero trataré de fijar mi frustración existencial en personas que detesto y a las que voy a insultar. En primer lugar, al valiente mozuelo que me ha lanzado su cigarro al pantalón mientras andaba por la calle y me ha dado uno de los mayores sustos de mi vida. Le odiaré mientras me acuerde de él, lo que terminarán siendo un par de días.
En segundo lugar, al señor sordo y maleducado que tengo como vecino de localidad en La Romareda. Querido, trozo de pan con ojos: me agradaría que tiraras las cáscaras de pipas al suelo con la mano en vez de escupirlas en mi pantalón y tuvieras algo de decencia a la hora de fumar en la cara de los demás. Ah, y no te levantes 15 segundos antes de un gol, porque entonces el que tienes al lado no lo ve.
Insoportable hombre de las fotocopias: agradecería que te limitaras a hacer fotocopias y te centraras en qu salgan bien, en vez de dar conversación (tan insulsa como innecesaria e insopotable) y entregar copias repetidas o equivocadas.
Querido pollero que vendes comida hecha: agradecería, de igual manera que el sujeto anterior, que te callaras más y cobraras menos. Del mismo modo, mi compañera de piso te estaría muy agradecida si dejaras de agasajarla con comida a través de mí, pues dudo que vuelva a ir a comprar a tu tienda.
Queridos amigos de Facebook y en concreto queridísimo tío Nacho: ¡¡¡DEJAD DE MANDARME INVITACIONES AL CANDY CRUSH!! Por diosito lindo, jamás algo se me hizo más odioso.
Pedazo de mala gente y ciertamente egoísta amigo mío: deja de pensar solo en ti mismo cuando hagas las cosas y piensa que a los demás puede repercutirles lo que hagas.
Querida P. Gracieta: DEJA DE MANDAR CORREOS DE LA UNIVERSIDAD CON PUBLICIDAD DE COSAS QUE NO INTERESAN A NADIE (puede llegar a mandar tres al día).

Creo que ya está por hoy. No me voy a meter con gente famosa que si no no acabo. En mi vida ocurren otro tipo de cosas interesantes, como que mañana voy a un concierto de Alter Bridge que llevo esperando meses. Además, mis amigos (solo compañeros de clase, como diría uno de ellos) y yo nos hemos apuntado a un torneo de fúbol sala de la universidad. Va a ser la primera actividad física que haga desde la última carrera que hice por un autobús, la semana pasada. El punto negativo es que mi médico igual no me deja (cosas de culos). Quizás debería haberle incluido a él en la lista de cosas que amargan mi existencia.
No querría despedirme sin mentar a la santa madre que parió el cierzo, que no contento con hacernos la vida imposible cuando salimos de casa, me ha volado un pantalón vaquero que tenía colgado para que se secara rápido.

PD: mi culo llora emocionado tantas muestras de cariño recientes. Y cuando digo llora me refiero a que suelta líquido. Amarillo. Espero que lo leáis justo antes de cenar.

domingo, 21 de julio de 2013

Hey!

Medio en pelotas en la cama (sin el medio), sin tapar, con la ventana abierta, todas las luces apagadas y habiendo llovido durante una hora antes, sigo chorreando sudor. Esto es Zaragoza en julio. Y según me han dicho, falta lo peor.
Llevo demasiado tiempo sin escribir una entrada, ha estado todo muy ajetreado y no he tenido ni tiempo ni demasiadas ganas. Mañana me despierto a las 6 de la mañana, estoy excavando un yacimiento de la Edad del Bronce y salimos pronto al tajo, pero lo cierto es que me ha apetecido escribir y en ello me hallo.
Como llevo tanto sin escribir, voy a resumir mis actos en los últimos dos meses:
- He visto Digimon 4.
-Y Friends.
-He llorado un descenso.
-He estudiado para los exámenes.
-He hecho los exámenes.
-He aprobado todos los exámenes (me queda uno de los que suspendí en febrero, pero no cuenta).
-He leído cosas (aunque mis padres lo nieguen).
-He grabado un disco.
-He dado un concierto en Zaragoza.
-Me he cagado en muchas cosas (física y verbalmente).
-Me he cargado un eBook.
-He hablado por Whatsapp.
-Aserejé, ja, dejé.
-He sido tío (aunque no biológicamente, pero igual me da).
-Ha hecho un año que empecé a salir con María.
-He celebrado (como se merece) que ha hecho un año que empecé a salir con María.
-También he celebrado su cumpleaños y el mío (que son uno dos días después del otro)
-He besado y sido besado (a y por la misma persona, malpensados).
-He excavado una pieza de cerámica que mañana espero terminar de sacar.
-He visto el Tour.
-He dormido la siesta por primera vez en bastantes años.
-He reído, llorado y asesinado un par de moscas.
-Me he hecho socio abonado del Zaragoza.
-He escrito muchos tweets.
-He comido chistorra.
-"La suerte favorece a los valientes" (Óscar, deja de morirte de la risa).
-Europe's living a celebration.
-Ora et labora.
Más o menos eso es todo. Sé que me dejo alguna cosa, pero no puedo acordarme de cada cosa que he hecho en todo este tiempo. Han sido dos meses rápidos, con momentos muy buenos, de los que no se olvidan (uy, ahora me pongo sentimental). Como ya dije en su momento (aunque algunos no me oyeron), doy gracias a todo aquel que de una manera u otra me ha facilitado mi primer año en Zaragoza, un año muy difícil, aunque estos blogs no lo plasmen. Gracias a mis compañeros de clase, de piso, de grupo musical, familiares, señores del bar donde veo el fútbol, dependientas insoportables del súper de en frente, señores del mercado de comida, señora borde de las fotocopias, autistas de la cafetería... y, sobre todo, mis padres que me pagan todo y mi chica, por razones que ni siquiera aquí se pueden decir.
Mención aparte se merecen Jack el borracho, los viejos que se cuelan, los viejos que timan en las tiendas, el de la casa rústica o moderna y toda esa gente que ha hecho posible que lleve ya casi veinte entradas de blog. Os quiero mucho, y os guardo un rinconcito en mi irónico corasonsito.
Nos vemos el curso que viene. Y quien dice el curso que viene, dice la semana próxima o en quince días. Prometo no pasar tanto tiempo sin escribir, si es que a alguien le preocupa.

PD: no me gusta la intro de El larguero que tiene Estopa. Perdón por ponerme algo sentimental.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Se me va la cabeza

Estoy estudiando y me aburro, pero esto de Bolonia nos obliga a hacer trabajos interminables que, además de aburridos (la mayoría de las veces) sirven para poco más que quitar tiempo de estudio real para los exámenes.
Ahora mismo me encuentro analizando cráneos (bueno, ahora mismo estoy escribiendo esto) y luego debo hacer otro trabajo sobre campos de concentración.  Bueno, lo realmente correcto sería usar la condicional, puesto que debería hacerlo, pero me voy a ir a dormir.
Hoy no os puedo contar cosas divertidas más allá de las fotos que me hice con un cráneo, titulada "Se me va la cabeza". ¿Qué decir? No siempre se puede mantener un listón alto con historias como las dos anteriores (que realmente son buenas).
Espero acabar de una vez con estos trabajos y poder estudiar tranquilamente, sin el agobio de tener un plazo para entregarlos.
Releyendo lo escrito hasta aquí me doy cuenta de que no estoy fino hoy, así que corto y cierro. Pero no sin antes decir que por ahora mi calendario de eventos es: 5 de junio, concierto de Sinister Kids (tributo a Black Keys) en las fiestas de Valdefierro (Zaragoza) y 11 de julio, concierto de Buried Alive (junto con Hardway) en The Preacher's Son (Zaragoza). Os amaré mucho si venís, sobre todo al segundo, que vamos a comisión.

PD: si mi profesor se encuentra un "andsfhaslkjhfaljfkhajkl" en el trabajo es que me he dormido encima del teclado.

sábado, 4 de mayo de 2013

La pregunta más extraña de la historia.

Todo empezó como no debía haber empezado. Yo había quedado con unos amigos en las pistas de fútbol de al lado de mi casa, y llegué pronto (cosa que por otro lado resulta altamente complicado, cosa que María gustosamente corroborará). Ahora me doy gracias a mí mismo por haber hecho lo que tuviera que hacer lo suficientemente pronto como para encontrarme, una tarde de primavera, solo en las viejas y estropeadas pistas rojas de al lado de mi casa.
Yo rondaba los 13 o 14 por aquel entonces, vagos recuerdos me hacen calcular que estaría en 2º de ESO. Esperaba a mis amigos (bueno, les llamo amigos por decir algo, "conocidos" o "colegas" sería más correcto) sin nada que hacer, pues por aquel entonces (hablamos de 2007 o 2008) todavía no existía el Whatsapp, ni siquiera Android. Es más, yo no tenía ni teléfono. Andaba pegado a mi tamagochi de Digimon, eso era todo lo electrónico que poseía.
El caso es que apareció por las susodichas pistas un sujeto algo menor que yo, quiero recordar que de nacionalidad sudamericana (dato ciertamente irrelevante para mi historia) con el que yo había hablado más bien poco. Realmente nada. Quiero recordar que su nombre era Jorge y por aquel entonces todavía iría al colegio. Dudo que lo conozcáis a no ser que le hayáis dado clase (que sé que algunos me leéis, pendencieros), porque es pequeño para que lo conozcan los de mi edad y bastante lejano en el espacio para que alguna vez haya coincidido con la gente de, por ejemplo, Valderrobres (que sé que también me sigues, gañán).
El chico, más perdido que un descendiente de meretriz el día del padre, más solo que Gary Cooper y más soso que Nicholas Cage en Living las Vegas (si no se lee cantando pierde la gracia), decidió que hacerme compañía era la mejor forma de entretenimiento posible en los siguientes minutos. Lo recuerdo como si fuera ayer (algún día contaré algo que me haya pasado el día anterior y resultará absurda esta expresión): labios gordos que le hacían una boca algo deforme, orejas de soplillo enormes y pelo negro corto. El chico muy agraciado no era.
Se acercó al sitio donde yo estaba (debajo de una canasta, porque todos los bancos estaban destrozados; es lo que tiene vivir en la Edad Media) y se sentó a mi lado. Yo en estas ocasiones puedo llegar a ser muy borde, levantarme e irme, pero en esta ocasión, gracias a los dioses, no lo hice. Me quedé donde estaba, como si nada perturbara mi silenciosa espera.
¿Qué haríais vosotros si tuviérais que hablar con alguien por primera vez en vuestra vida? Obviamente, siendo del pueblo, nos conocíamos de vista y sabíamos cómo nos llamábamos. Por lo tanto, vería normal un "¿qué tal?", un "¡buenos días, princesas y princesos!", un "ola k ase" (luces y flashes, una persona con clase), un "parece que el cielo anda revuelto" (con voz de viejuno que lleva un palillo en la boca), un "saben aquél que diu...", un "anoche se me fue la flapa y dejé cojo al alcalde de una patada voladora" (soy cruel) e incluso, si me apuras, un "¡mozo, tengo tierras!".  Todas estas fórmulas parecerían normales, socialmente aceptables y poco merecedoras por sí mismas de una entrada de blog, pero no. Él no dijo eso. Él tuvo que ir más allá. Después de sentarse a mi lado, esperar sin respuesta un estímulo por mi parte y, supongo, pensarse mucho su presentación, va el tío con su par de huevos y me suelta:
"Tú de mayor, ¿quieres tener una casa rústica o moderna?"
¡Olé tú! ¡Ole tú! ¡Bravo! ¡Que viva ese par de huevos tan bien puestos que tienes! Mi cara tuvo que ser un poema, pero de tan asombrado que me quedé no pude ni reirme. Sin dejar que contestara, él me explicó que le gustaría más una casa moderna porque no le gustaba lo antiguo, o algo por el estilo, no recuerdo del todo bien lo que pasó después.
Lo siguiente de lo que tengo constancia es de mí mismo, en mi casa, sin parar de reír, contándole a mi madre y a una amiga (la cuál por cierto me daba clase por entonces, sé que me lee, pero no creo que se acuerde de esta situación) lo ocurrido.
Creo que esto es todo. No me importaría que me dejarais en comentarios o por mensaje privado si os ha pasado algo así, para hacer una entrada dentro de un tiempo.

PD: siento si lo de "ola k ase" no lo habéis entendido o si he herido sensibilidades con lo de la patada voladora. Pero ya sabéis, se pilla antes a un mentiroso que a un cojo. Un chiste cojonudo.

domingo, 14 de abril de 2013

Como cocinar con sobras

Tratando de recordar alguna de las historias divertidas que me hayan podido pasar de la que tenga constancia (tengo fallos de memoria a largo plazo), me he dado cuenta de que no llega a mi mente ninguna lo suficientemente larga como para llenar una entrada decente en este blog (¡já, como si hubiera escrito algo decente en estas 15 entradas!). Por eso he decidido rescatar de mi cabecita pequeñas anécdotas que sacien vuestras mentes sedientas de historietas estupendásticas con las que pasar el rato (y ya de paso ridiculizarme un poco a mí mismo).
Recuerdo, por ejemplo, una cosa que quizás algunos recordéis si érais mis amigos de pequeños. En un partido de fútbol sala (en mi equipo yo jugaba de medio... metro fuera del campo), en un córner a favor, subí a rematar. Nos metieron a la contra. Yo me quedé en el área contraria. Mordiéndome las uñas. Me cambiaron y no volví a jugar en varios partidos.
Más recientemente me preguntaba enfadado por qué la miel no tiene fecha de caducidad. Tras poner en común con mis tíos mi indignación, me enteré de que la miel es un conservante natural que no caduca.
29 de junio de 2008. Apresurado corrí al baño de un bar cercano. Estaba en Comillas, el pueblo donde suelo veranear, y en el pórtico del ayuntamiento habían puesto una pantalla gigante para ver la final de la Eurocopa. El bar estaba separado del ayuntamiento por una cuesta de unos 50 metros. Vi una jugada en la tele del bar y bajé corriendo la cuesta para no perderme nada. Gol de Torres. Y así, niños, es como te pierdes el único gol del primer título que gana tu país en décadas (y el primer gol de Torres en siglos).
Durante la final de la Copa del Rey de 2004 (Zaragoza 3-2 Real Madrid), recuerdo estar de vacaciones (y como el 31 de mayo es el día de Castilla-La Mancha, presupongo que sería durante ese puente). El caso es que estábamos mi familia y yo (como cada Navidad, en estas fechas tan señaladas...) en un apartamento viendo el partido. Mi hermano, de 5 años por aquel entonces, dormía ya, pues el partido había llegado hasta la prórroga. Cuando Galleti metió el último gol, del grito que pegamos mi padre, mi madre y yo, mi hermano se levantó llorando porque pensaba que había pasado algo. El pobre.
Este verano, un día que me dolía un poco la cabeza y no quería salir, me quedé charlando con mis tíos y mi abuela. Salió, cómo no, como tema de conversación, mi novia. Acabábamos de empezar a salir y mis familiares estaban ávidos de cotilleo. Entre que algunos llevaban "varias cocacolas" en el cuerpo y otros no estaban muy pendientes de la conversación, decidí divertirme un poco a su costa. Y así, niños, es como parte de mi familia todavía piensa que mi novia se apellida Wolstenholme y su padre es un ex jugador de waterpolo alemán que jugaba en el Helios y se casó con una buena moza zaragozana (de ahí que tenga los ojos tan claros y el pelo castaño).

Y creo que hasta aquí por hoy, que es tarde y tengo sueño. Esto es solo un adelanto de lo que serán mis próximas entradas, puesto que tengo ganas de que conozcáis lo realmente divertido que puede ser el estar a mi alrededor. Cuando no te ríes de mí lo haces conmigo. Asimismo (me encanta esta expresión, pero siempre dudo de si es junto o separado) os insto, si sois amigos o familiares (o ambas, cosa que dudo mucho) a que me recordéis escenas bochornosas o extrañas que os han pasado conmigo o de las que tenéis constancia aunque no estuviérais presentes, para utilizarlas en próximas entradas. Sin más, me despido.
Besis de cloroformo en trapo de mocos.

PD: me voy a ver a Alter Bridge. Ya lo he dicho por Twitter y por Facebook, a mis amigos y familia y al hamster que no tengo, pero tenía que ponerlo por aquí también.